En busca del más mínimo desvío de la voluntad, el monstruo de humo espera pacientemente el momento de hacerme sucumbir, ante esa suave, deliciosa, y ardiente caricia que regocija mi espíritu y exprime mi diafragma; oh dulce y sublime sabor a remordimiento y promesas rotas que me hacen recordar la fragilidad del corazón del hombre y su falta de huevos...

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